Poner fin a la pobreza extrema con recursos domésticos

Por International Budget Partnership— Jan 19, 2017

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En un reciente documento de trabajo titulado Gasoline, Guns, and Giveaways (Gasolina, armas y donaciones), publicado por el Centro para el Desarrollo Global, Andy Sumner y Chris Hoy hicieron una pregunta relativamente directa: ¿tienen los países en desarrollo el campo de acción necesario para recaudar suficientes recursos nacionales para poner fin a la pobreza extrema entre sus habitantes? Descubrieron, para sorpresa, que casi tres cuartos de la pobreza global podrían abordase a través de la redistribución de los recursos nacionales a quienes más los necesitan.

Conversamos con Chris para conocer más sobre la investigación y lo que significa para quienes trabajan en presupuestos del gobierno.


IBP: ¿Pueden comentarnos en qué consistió su investigación? ¿Cuáles fueron los principales hallazgos?

Chris Hoy: Primero, examinamos cuánto dinero se requeriría para quitar a todas las personas de la pobreza extrema en países en desarrollo, y luego calculamos si existen suficientes recursos a disposición en cada país como para lograr esto. Por lo general, se supone que la mayoría de los países en desarrollo tienen recursos nacionales insuficientes para recaudar impuestos y reasignar el gasto público como para abordar de manera integral la pobreza extrema. Sin embargo, pudimos demostrar que esto ya no sucede. La mayoría de los países en desarrollo tienen el campo de acción necesario para acelerar drásticamente el fin de la pobreza usando recursos nacionales ya mismo, sin tener que esperar necesariamente el crecimiento económico.

IBP: ¿Hubo diferencias entre los países con diferentes niveles de ingresos? ¿Están los países de ingresos medios mejor posicionados que aquellos de ingresos bajos para abordar la pobreza extrema?

Chris Hoy: Absolutamente. La mayoría de los países de ingresos medios pueden poner fin a la pobreza extrema a través de una mayor redistribución, ya sea a través de nuevos impuestos o redirigiendo el gasto público. Demostramos que casi todos los países que tienen un ingreso per cápita superior a USD 2.000 (Método Atlas de ingreso nacional bruto) podrían poner fin a la pobreza extrema aumentando los impuestos para las clases «adineradas» solamente. Si el gasto público dejara de destinarse a subsidios nocivos para combustibles fósiles y se redirigiera a transferencias en efectivo para los pobres, se eliminarían alrededor de dos tercios de la pobreza extrema, principalmente, en países de ingresos medios. Además, existe más campo de acción en los países de ingresos medios para que la redistribución ponga fin no solo a la pobreza extrema (ingresos de USD 1,90 o menos por día), sino también a los índices de pobreza de USD 2,50 e incluso USD 5 por día.

En general, los países de ingresos bajos (LIC, por sus siglas en inglés) no estaban bien posicionados para que la redistribución ponga fin a la pobreza extrema. No obstante, hubo algunas excepciones. En varios LIC, como Etiopía, Mozambique, Tanzania y Uganda, el redireccionamiento de los subsidios a combustibles fósiles a programas de transferencias de efectivo solucionaría de un tercio a la mitad de la pobreza extrema total.

IBP: ¿Qué implican los hallazgos para la ayuda? ¿Deberían los donantes intentar cambiar la forma en que invierten los recursos externos y la ayuda para abordar la pobreza global?

Descargar el documento de trabajo de CGD »

Chris Hoy: Esta investigación destaca la necesidad de que los donantes de ayuda exploren maneras innovadoras de alentar una mayor redistribución en los países de ingresos medios. Por ejemplo, el programa de ayuda de Australia respaldó un estudio de vanguardia sobre cómo las personas perciben la desigualdad en Indonesia y qué desean que el gobierno haga con respecto a esta. Los resultados demostraron que a más del 80 por ciento de los habitantes de Indonesia les preocupa la desigualdad y preferirían que fuera mucho menor. Además, los programas de transferencia de efectivo fueron la política más importante que la gente manifestó que quería que priorice el gobierno para abordar la desigualdad. Lo que es más importante, las evidencias de todo el mundo sugieren que los programas de transferencia de efectivo bien diseñados pueden tener un impacto significativo en la reducción de la pobreza.

Este tipo de estrategia innovadora para la participación de los donantes no solo le brindó al gobierno de Indonesia evidencias de la gente deseaba que se haga algo en relación con la desigualdad, sino que también les dio un indicio respecto de lo que la gente considera que es la mejor manera de abordarla. Ampliar la base de evidencias para la redistribución integrando políticas técnicamente sólidas con indicios acerca de las percepciones y creencias de las personas es una manera prometedora de promover reformas.

IBP: En la conclusión de su artículo de investigación, ustedes dicen que «las causas de la pobreza global ahora son una cuestión de economía política más que una escasez de recursos…» ¿Cuáles son las implicancias para las organizaciones que trabajan en cuestiones relacionadas con presupuestos y finanzas públicas?

Chris Hoy: El grado de aplicación de impuestos y la redistribución en un país es quizás el determinante más importante del nivel de desigualdad que existe. En este espacio, las organizaciones deberían continuar enfocándose en crear conciencia respecto de cómo se gastan los fondos públicos y cómo esto puede aumentar o reducir la desigualdad. Por ejemplo, a través de investigaciones, descubrí la importancia de crear conciencia entre los ciudadanos respecto de la porción de su presupuesto que se gasta en «cosas negativas», como subsidios a combustibles fósiles, y hacerles conocer el inmenso efecto que se obtendría en la eliminación de la pobreza si estos fondos se redirigieran a programas de transferencia de efectivo.

Un punto relacionado es que cuantas más organizaciones que trabajan en cuestiones relacionadas con las finanzas públicas conozcan cuáles son las prioridades de las comunidades, mejor podrán representarlas e influir sobre los legisladores con evidencias convincentes. En el estudio mencionado sobre percepciones de desigualdad y apoyo para la redistribución en Indonesia, surgieron algunos hallazgos inesperados respecto de los tipos de políticas que la gente prioriza. Por ejemplo, hubo apoyo limitado para aumentar el salario mínimo o los impuestos más altos, pero hubo un fuerte apoyo para una mayor financiación para empresas pequeñas y medianas.

IBP: Finalmente, ¿cuál será la siguiente investigación que realizarán para ayudar a abordar estos desafíos?

Chris Hoy: Estoy explorando la manera en que las percepciones de las personas respecto de la desigualdad configurar el apoyo a la redistribución y de qué manera brindar información precisa tiene un impacto sobre sus opiniones. Hasta el momento, mi investigación ha demostrado que las personas suelen subestimar enormemente el nivel de desigualdad y sobrestiman el campo de acción que tienen los individuos para ascender a niveles de ingresos más altos. Esto hace que tomen decisiones sobre la base de escasa información cuando votan en elecciones y reduce el apoyo a políticas públicas que permiten una mejor redistribución y movilidad social ascendente. Un ejemplo reciente de esto fue la elección presidencial en los Estados Unidos, en la que muchos partidarios de Trump estaban a favor de recortes fiscales significativos, incluso aunque no ganaran nada con ellos y quedaran probablemente en peores condiciones financieras debido a ellos.


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